
En el marco del Día Internacional de la Mujer, nuestra comunidad lectora destacó a autoras clave en la historia de la literatura nacional, como Teresa Wilms Montt y Elvira Hernández. Hoy queremos compartir parte del legado de dos de nuestras voces más reconocidas, cuyas obras han marcado generaciones y siguen inspirando a lectores y nuevas escritoras.
Nacida en una familia aristocrática de Viña del Mar, Teresa Wilms Montt desafió desde joven las normas sociales de su época. Su inclinación por la literatura la llevó a escribir desde temprana edad, pero su espíritu libre y desafiante fue constantemente socavado a lo largo de su vida.
Se casó a los 17 años y tuvo dos hijas. Sin embargo, su matrimonio fue infeliz, lo que contrastaba con sus ideas progresistas. Incluso su cercanía con intelectuales anarquistas la convirtieron en blanco de represalias. Fue internada en un convento por orden de su esposo, lo que la llevó a escapar con la ayuda de Vicente Huidobro, iniciando así su exilio en Argentina y Europa.
En Buenos Aires publicó sus primeros libros, “Inquietudes sentimentales” (1917) y “Los tres cantos” (1917), los cuales fueron bien recibidos por la crítica. Posteriormente, en España y Francia, se relacionó con importantes círculos intelectuales y artísticos.
Su obra, cargada de sensibilidad, melancolía y una visión feminista adelantada a su tiempo, aborda el amor, el desarraigo y la búsqueda de la libertad. A pesar de su éxito literario, la tristeza la acompañó hasta el final de sus días. En 1921, a los 28 años, se quitó la vida en París.
Sin embargo, su legado ha sido revalorizado con el tiempo, convirtiéndola en un símbolo de la literatura chilena y del espíritu indomable de las escritoras marginadas.
Por su parte, María Teresa Adriasola, conocida por su seudónimo Elvira Hernández, nació en Lebu y estudió literatura en la Universidad de Chile. Su escritura se consolidó en plena dictadura, un contexto en el que su voz poética se convirtió en una de las más relevantes para la resistencia cultural. En 1981 escribió su obra más icónica, “La bandera de Chile”, un poema extenso que, a través del juego con el lenguaje y la ironía, desmonta la carga simbólica del emblema patrio y denuncia la violencia del régimen.
Ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2018) y el Premio Nacional de Literatura (2024), consolidando su lugar como una de las voces más importantes de la poesía chilena contemporánea. A día de hoy, su legado sigue vigente, influyendo a nuevas generaciones de escritoras y lectores que encuentran en su obra una forma única para mirar y analizar nuestro entorno.