
Carlos Díaz Loyola, más conocido como Pablo de Rokha, nació el 17 de octubre de 1894 en Licantén y es considerado uno de los cuatro grandes de la poesía chilena, junto con Gabriela Mistral, Pablo Neruda y Vicente Huidobro.
Su juventud estuvo marcada por la rebeldía y el conflicto con las estructuras conservadoras de su tiempo, lo que lo llevó a trasladarse a Santiago en 1911, donde completó su educación media y comenzó su relación con intelectuales vanguardistas de la época.
En la capital, De Rokha intentó estudiar Derecho e Ingeniería en la Universidad de Chile, aunque pronto abandonó ambas carreras para dedicarse a la literatura y al periodismo, colaborando en diarios como La Razón y La Mañana. Durante esos años, entabló amistad con figuras como Vicente Huidobro y Pedro Sienna, y se familiarizó con la filosofía de Nietzsche y la poesía de Walt Whitman.
En 1916 contrajo matrimonio con Luisa Anabalón Sanderson, quien adoptó el nombre literario de Winétt de Rokha, y publicó sus primeros poemas, comenzando así un camino artístico que reflejaría su visión rupturista y su fuerte compromiso con la realidad social de Chile.
Su obra se articula en tres etapas: la primera, influenciada por el Romanticismo y el anarquismo, se extiende hasta 1929 e incluye títulos como Los gemidos y Escritura de Raimundo Contreras. Entre 1930 y 1950, su escritura se orienta al activismo político y social, destacando Canto de trinchera e Imprecación a la bestia fascista, mientras funda la revista Multitud. Finalmente, sus últimos veinte años combinan el optimismo revolucionario, la protesta social y el dolor por la muerte de Winétt, plasmado en obras como Fuego negro.
De Rokha también fue conocido por su histórica rivalidad con Pablo Neruda, que alcanzó su punto más alto con la publicación de Neruda y yo (1955), donde lo acusa de plagio y de representar un arte burgués.
En 1965, recibió el Premio Nacional de Literatura por su obra innovadora y profundamente chilena. Su legado, marcado por la vanguardia y la crítica social, continúa influyendo en generaciones de poetas y lectores, consolidando su lugar como una figura central de la literatura nacional.




