
Cada 2 de abril se conmemora el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil, una fecha que releva la importancia de la lectura como un pilar fundamental en el desarrollo cultural, intelectual y emocional de niños, niñas y jóvenes. En el marco del Mes del Libro, esta celebración invita a reforzar el vínculo temprano con los libros, promoviendo el hábito lector como una herramienta clave para estimular la imaginación y la creatividad desde las primeras etapas de la vida.
La efeméride rinde homenaje al nacimiento de Hans Christian Andersen, autor de clásicos universales como El patito feo y La sirenita, y se complementa con la conmemoración del Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor cada 23 de abril.
Cada año, esta celebración es impulsada por una sección nacional del International Board on Books for Young People (IBBY), que selecciona a un autor y un ilustrador para crear el mensaje y el afiche oficial. En 2026, el país anfitrión es Chipre, bajo el lema “Planta historias y el mundo florecerá”, una invitación a reconocer el poder de la lectura y su vínculo con la creatividad y el cuidado del entorno Además, por primera vez, tanto el texto como la imagen fueron elegidos por niños y niñas, marcando un hito en la forma de construir este mensaje global.
El poema central de esta edición, escrito por Elena Perikleous, propone una metáfora donde leer y escribir se transforman en actos de siembra:
Planta historias y el mundo florecerá
Había una vez un niño que quería vivir mejor que los héroes de los cuentos de hadas, que simplemente vivían bien.
Crecía y cambiaba. Leía y se transformaba.
Se convertía en Don Quijote y combatía los molinos de viento.
Se convertía en Alicia y daba vida a las maravillas.
Se convertía en Robin y salvaba los bosques.
Se convertía en lobo y formaba manadas que cantaban a la luna.
Pasaban los años, pero el mundo no cambiaba como él deseaba.
Sin embargo, consiguió crear un mundo propio. En un patio con jardín. Puso dentro todo lo que amaba.
Pasaron más años y, a medida que se volvía cada vez más sabio con sus lecturas, encontró la solución.
Llegó el otoño. Aró bien la tierra y plantó.
Después llegó el invierno. Esperó a que se derritiera el manto blanco. Con la maravillosa compañía de los libros consiguió ser paciente.
En primavera brotaron las primeras hojitas. Crecieron troncos, ramas, asomaron capullos. El alma se llenó de colores y aromas.
¿En verano?
Barcos, veleros, globos aerostáticos, bicicletas… ¡Viajaba por todas partes!
Ahora sabía con certeza que solo así cambiaría el mundo.
Se convirtió en plantador.
Plantador de historias mágicas.
Sembraba palabras, abonaba imágenes, cultivaba magia, regaba fantasía y brotaban historias.
¿Después?
Podaba amor y regalaba ramos a los transeúntes.
Ramos de paz, de esperanza, de fuerza, de fe en lo imposible.
Ramos de pequeños milagros para cada uno.
Cada primavera, el 2 de abril, las historias que plantaba hacían florecer el mundo.
Ah, y con los talleres de jardinería compartía el conocimiento de la plantación con grandes y pequeños.
Y su jardín se convirtió en el Jardín de la Esperanza y su patio en el Patio de las Maravillas, con el hacedor de maravillas siempre allí, desenrollando hilos rojos de historias.




