Historia de Nuestros Socios: Entrevista a Berta Concha, Directora General de Liberalia Ediciones

Berta Concha es una mujer de libros, desde muy pequeña se relacionó con ellos gracias a su familia en el sur del país. Ha navegado por las diversas esferas del mundo editorial, comenzó trabajando en una connotada editorial en ciudad de México, tuvo una librería en Estados Unidos y luego cruzó el Atlántico para instalarse en Barcelona. Regresó a Chile a fines de la década del 90 y comenzó a construir la historia de Liberalia Ediciones y la librería Prosa & Política. Es una convencida de que la asociatividad, el trabajo en red y colaborativo es la mejor manera de relacionarnos.

 

¿Cómo nace tu relación con los libros? ¿Desde cuándo?

Desde muy chica porque siempre fui muy lectora, en mi casa siempre hubo mucho libro, mi padre tenía una biblioteca maravillosa, que estaba en Cobquecura, imagínate, a nadie se le ocurre en Chile que en Cobquecura, un pueblo que se hizo famoso solo porque casi se cayó entero con un terremoto, haya gente que tiene biblioteca, bueno eso era Chile en muchos sentidos antes, en provincia, en pueblos chicos y en Santiago, habían hogares con mucha biblioteca y el libro jugaba un papel central, de unidad de la familia. Yo me acostumbré a leer desde muy chica, y estaba acostumbrada a manejar libros, desde chica tuve mucha afición por la palabra, por los libros.

Y finalmente, estudié derecho y en él lo que más necesitas es leer, necesitas una gran cultura general, sobretodo en el campo de las ciencias sociales, y si quieres también en el teatro, la literatura, porque desde Shakespeare, absolutamente toda el alma humana ha sido escaneada por la literatura. Y estudié además estética en la Universidad Católica, porque siempre me interesaron los libros, el cine y la música, entonces como que el libro es un resumen de todo esto.

 

¿Cómo llegaste a la industria editorial?

Caigo profesionalmente en el libro, ya que todo lo anterior es un relato pasivo, sobre como soy lectora, de por qué mi afición a los libros, pero luego cuando me voy a México, seguir con el derecho era terriblemente difícil, gracias a los idiomas y a una muy buena preparación académica, desde la Universidad de Chile y la Católica y el colegio, no me fue difícil entrar a una de las mejores editoriales que ha habido nunca jamás en el mundo hispanoparlante, que es Siglo XXI Editores y ahí es donde empecé a aprender el oficio, desde leer profesionalmente un libro hasta corregir estilo, corregir pruebas, traducir, hacer solapas, difundirlo profesionalmente en los medios, entender de distribución, los diferentes eslabones de la cadena del libro. Entonces, esto fue un baño, un inmersión tremenda en el mundo del libro. Y de ahí para adelante, el impulso era tremendo.


O sea, me podrías decir que los elementos que permitieron tu desarrollo de dicha relación con los libros, se profesionalizó y se profundizó gracias a tu estadía durante muchos años en México.

Exactamente, el puntapié inicial y además el contexto del cual me hago persona de libro, porque entendí desde lo qué es hacer un libro, desde leerlo hasta comercializarlo internacionalmente, pasando por corregirlo, editarlo, imprimirlo, difundirlo, por instalarlo en el deseo no solamente nacional, sino que internacional. Pero, también tengo que reconocer que el segundo gran paso fue mi estadía en Washington D.C., donde fundé una librería, que se llamaba Hispanic Books Distributors y era además una distribuidora de libros para todo el mundo académico norteamericano, abarcaba todo Estados Unidos. Ahí aprendí qué valor tienen los libros latinoamericanos, y específicamente también el chileno dentro del gran contexto de ese enorme país, y aprendí las modalidades de trabajo de Estados Unidos en materia de la industria y comercio editorial y eso me sirvió enormemente porque estos son muy aterrizados, y sus sistemas de gestión son muy concretos, aunque mucho de ello nos moleste, sin embargo, hay muchos aciertos en su gestión. De tal manera que eso fue un baño importante en el tema de gestión, en el tema de especialización en cada uno de los eslabones de la cadena del libro.

Y finalmente, el gran salto fue a España, donde me tocó ser la Directora de promociones exterior de un consorcio de cerca de 300 editoriales españolas, dónde había de todo, desde editoriales especializadas en ciencias aplicadas hasta las más abstractas y filosóficas, de todo, entonces el rango era muy diverso, muy amplio, los intereses son enormes, cómo conciliar eso, entonces estamos hablando de políticas editoriales y políticas gremiales. Bueno, esto fue el eslabón más importante, esta estadía en España porque me permitió conocer, digamos, el más poderoso sitio de producción, de conocimiento, y de libros y el mercado no tanto el interno, sino el mercado latinoamericano visto desde España.

Rematé en Barcelona y ahí tuve una distribuidora, una librería de libro latinoamericano, porque empecé a jugar con la idea, y la convicción de dar a conocer la producción y la creación, y el conocimiento latinoamericano en otros países. Desde España se dispara al resto de Europa, incluso en Estado Unidos y paradojalmente desde España se dispara a nuestros vecinos, con los cuales solemos no tener contacto alguno.

 

Berta Concha, Directora General Liberalia Ediciones; y Eduardo Albers, Gerente General Librería Eduardo Albers, en elecciones de directorio de la Cámara Chilena del Libro 2017.

A propósito de las políticas de las asociaciones gremiales: ¿Hace cuánto tiempo perteneces a la Cámara Chilena del Libro?

En cuánto creé Liberalia, debo haber entrado el 98, porque yo llegué el 97 y creé Liberalia el 97, es probable que haya entrado ese mismo año, o es probable que haya entrado a principios del 98.

 

¿Cuáles fueron tus razones para asociarte a la Cámara?

Porque creo firmemente en la necesidad de asociarse, creo que el libro es una industria y un comercio que exige mucha asociatividad, que no podemos hacer nada actuando solos, que somos en muchos sentidos, pequeñitos, dispersos, con unos egos tremendos que nos impiden ver el contexto general y las líneas generales, entonces esta posibilidad de actuar organizadamente te da mayor fuerza, te puede dar mayor objetividad y puede contextualizar mejor toda tu actividad.

Soy una convencida de la necesidad de formar organizaciones, en comunidad de intereses. Ahora, también creo que dentro de la comunidad del libro se requieren organizaciones muy diferentes según la función y el eslabón que tú cumplas en la cadena del libro, pero siempre fui una convencida de que la Cámara del Libro, y en ese momento, era el único organismo que agrupaba además a todos, que la Cámara del Libro en Chile, tenía la virtud, por un lado, de incorporar, de comprender a editores, distribuidores, libreros, en ese momento incluso habían plazistas. Estaba una buena parte de los nichos de acción de la industria y comercio del libro.

Lamentablemente, por otro lado, esta especie de organización piramidal obstruye mucho la elasticidad y los intereses de cada uno de los componentes de la cadena del libro, entonces incluso la tendencia mía fue, en un principio, comparar la situación de la Cámara del Libro en Chile con lo que pasaba en México, Estados Unidos y sobretodo en España, en que son grandes gremios que agrupan a los gremios, por ejemplo distribuidores, de libreros, de impresores, de editores, según regiones, pero aquí en Chile, un país pequeñito, somos verticales, una solo línea, y sin embargo estamos absolutamente dispersos, las regiones no existen en la Cámara, esa es una crítica por hacernos, eso ha hecho falta, pero sin duda alguna cuando en el 98 empiezo a participar en la Cámara, me doy cuenta de que es la única posibilidad de conocer y de participar en el mundo de la industria editorial.

 

¿Cómo ves a la Cámara hoy? ¿Cuáles son características más destacables y las dificultades propias del contexto actual?

En estos casi veinte años ha pasado mucha agua debajo del puente, mucha. Entonces han nacido algunos organismos, críticos inicialmente con la Cámara que luego, sin embargo, se han ido afortunadamente, acercando en un diálogo de conveniencia mutuas, que me parece lo más lógico, estoy hablando de editores independientes, o editores chilenos, estoy hablando incluso de la Furia, e incluso hay algunos otros organismos como que han intentado ser, pero no han prosperado como una asociación que se intentó con editores universitarios, que a mí me parecería interesantísimo. Creo que la Cámara tiene una gran ventaja sobre los otros, no solo los años de experiencia y la representatividad y el hecho de haber manejado durante tantos años la Feria del Libro de Santiago sino también otras ferias en provincias, pero además de esa ventaja, tiene la ventaja de incorporar en su seno a los libreros, a los distribuidores, a los editores, y como te digo eso con beneficio de duda, porque indudablemente convendría, es una opinión personal, que cada uno de estos estamentos tuviera dirección y unas ciertas autonomías para entrar a negociar y a conciliar cordialmente con el organismo central que podría ser la Cámara. Pero, creo que el surgimiento de editores independientes y la Furia son un aporte, porque probablemente pueden desarrollar en un principio una cantidad de ideas e irlas consolidando a medida que crecen y maduran, porque no siempre resultan estas cosas, en Chile no sé por qué pero la asociatividad es una de las cosas más difíciles de vivir e implementar. Entonces, veo a la Cámara como un organismo que ha perdurado desde hace muchísimo tiempo, que ha tenido tropezones, que se ha levantado, que ha tenido rencillas y que las ha superado y creo que, en los dos últimos años, ha sido fantástico ver cómo se pueden conciliar intereses, como se puede trabajar cordialmente en pos de un interés común como lo es el libro y la lectura.

 

¿Cómo describirías al público lector chileno?

Es una pregunta tremendamente amplia, a contrario censo de la cantidad de lectores, hay muy pocos lectores y la pregunta es muy amplia. Yo creo que en primer lugar, nosotros hemos dejado de leer en Chile, se nota, es probable que haya un impacto importantísimo de por supuesto, los medios digitales, a mí me interesa que lean, en pantalla, lo que sea, pero que haya un desarrollo del pensamiento consecutivo, porque el solo pantallazo no te ayuda a pensar, te ayuda a tener una tole tole de información que ni siquiera podrás organizar bien para formar una personalidad que no sea esquizofrénica. Por un lado, no solo se ha dejado de leer por el impacto de los medios digitales, que estás con el teléfono, WhatsApp, twitteando y haciéndote la ilusión de que tienes miles de amigos más, pero hay muchos otros distractores, algunos de los cuales me parecen fantástico, el deporte, la carrera, el cultivo físico más que del intelecto, bueno yo creo que, cada quién haga lo que quiera, pero lo que me parece terrible, es que se ha olvidado cada vez más que la inteligencia se cultiva y no solamente se cultiva con datos.

Aquí hay una construcción, un constructo de una interioridad que pasa por lo sensible, por lo cognitivo, lo analítico, y eso no se está haciendo. Entonces, el lector, por un lado, ha disminuido cuantitativamente y, por otro lado, yo creo que cualitativamente, ¿por qué cualitativamente? Porque hay un gran impacto de la publicidad sobre las lecturas, del negocio de la publicidad y realmente la gente deja de leer ciertos libros que son muy importantes, muy esenciales, muy atractivos, encantadores y enriquecedores porque las pocas páginas, las pocas revistas que se preocupan por dar incluso una lista de libros se olvidan u omiten una enorme cantidad de otras referencias, entonces la gente se guía por eso. Hay muy pocos medios además que hablen de libros, de lecturas, autores, creación, que hablen de lo que es esta intangibilidad tan extraordinaria de la inteligencia desarrollada a partir de la lectura, entonces no hay conocimiento.

Afortunadamente hay muchas bibliotecas, cerca de 11 mil bibliotecas escolares, que ayudan a solventar un poco, esta especie de distanciamiento feroz que hay entre Chile y el libro, gracias a las bibliotecas escolares, que son magníficas, pero que tampoco están abiertas a todo el mundo. Luego, las bibliotecas públicas, siempre lo digo, hay 450, más o menos, hay 365 comunas, debieran ser 4500, pero yo creo que se ha hecho lo que se ha podido, y ha habido un enorme aumento de bibliotecas públicas y de todas maneras son absolutamente insuficientes porque de todas maneras, como te recalcaba, en cientos de kilómetros a la redonda no encuentras donde ver una portada de un libro, es más, se llaman librerías a los negocios que venden lápices, gomas, parches, lo que sea, libros no venden ni siquiera en época de texto, muchas veces jamás hay en su vitrinas un solo libro.

 

 

¿Cuáles son los desafíos y las fortalezas de un trabajo relacionado con el quehacer, en este caso, editorial y distribuidor?

Creo que nosotros en Chile nos corresponde, por un lado, descubrir, encontrar y averiguar lo muy nuestro, eso es una mirada externa sobre ti mismo, o sea es una introspección importante pero también es un paisaje que tienes que ver desde fuera hacia adentro, o sea el editor chileno tiene que hacer cosas para los chilenos y para adentro, pero también tiene que hacer cosas para que los demás entiendan Chile, y se beneficien con el aporte que Chile puede hacer a la ciencia y a la cultura. Entonces, ahí hay una doble función que es muy interesante, yo creo que ha habido unos desarrollos espectaculares en los últimos tiempos, han surgido todo tipo de emprendimientos, algunos han llegado a ser empresas, otros se han quedado en el emprendimiento, en la vocación, pero en materia de libro infantil, de ilustración, en historia, ahora la historia está cobrando una importancia increíble, aunque sea una historia de difusión pero está cobrando mucha importancia, debiéramos leer mucho más de educación, saber de educación, con todo los problemas que plantea la educación en Chile, debiéramos saber sobre el agua, energía, maremotos, manejo de catástrofe, enologías, sobre vinos, gastronomía, salud, provisión, todo esto también está en los libros, es que no está en otras partes, está muy sesgadamente en otras partes. Por un lado, el editor chileno tiene que dedicarse a rescatar eso y difundirlo.

Segundo, el editor chileno también tiene algunas ventajas impresionantes porque nosotros somos un país que a pesar de todos los problemas que han tenido las universidades, somos un país en que ha habido una serie de desarrollos interesantísimo en la investigación, en ciencias aplicadas, te estoy hablando por ejemplo, oceanografía, minería, fruticultura, enología, acuicultura, agronomía, vulcanología, astrofísica, esas cosas no la compartimos, arquitectura en un país sísmico, todas esas cosas las he pensado mucho, cuando me puse exportar libros, nos veía a nosotros, los chilenos desde afuera y decía “¿qué podemos nosotros aportar al resto del mundo?” Pues esto también, sin embargo, muchas de estas publicaciones son tesis, a veces son investigaciones que se quedan en las revistas del índex, o ni siquiera ahí, sino que se quedan encriptadas en el pequeño ámbito académico de universidades muy distantes o muy alejadas, que no hay circulación de ese conocimiento, en circunstancias en que podríamos hacer grandes tratados conjunto, oceanografía de pesca, de minería, de climatología, pero también de literatura.

Yo estoy sacando una colección preciosa que se llama “Animales arquitectos”, “Animales músicos”, “Animales doctores”. Desde eso hasta libros que han sacado en algunas otras editoriales, como Amanuta, Pehuén, Contrapunto, Hueders, Ekaré, que son libros que hablan de arte, física, clima, de las estrellas. Entonces, yo creo que ahí hay unos desafíos que se están empezando a entender por parte de los editores chilenos y se empieza primero y antes que nada, con los libros para niños, está bien, si sobre eso va haber desarrollo hacia otras edades, y después proyección.

Ahora, ¿cuáles son nuestros grandes problemas? Primero, que no nos sabemos ver desde afuera, nosotros pensamos que lo importante para nosotros es lo importante para todos. Yo he tenido grandes peleas, amistosas por supuesto, con amigos editores de acá, yo les digo “mira, yo no voy a vender afuera ni en México, Buenos Aires, Colombia ni en Perú, España ni en ninguna parte, un libro por ser chileno, lo voy a vender por ser bueno”.

Tenemos otra ventaja muy importante, por las migraciones europeas somos buenos traductores, las mejores traducciones, por ejemplo de Heidegger, se han hecho en Chile, Rivera, que falleció hace poco, ha sido el mejor traductor de Heidegger de la historia, desde el alemán directamente al castellano, sin tener que pasar por el inglés ni el francés. Tenemos traductores magníficos, como Castillo Didier, del griego clásico o moderno al castellano, tenemos grandes traductores de sociólogos como Niklas Luhmann, somos buenos hermeneutas, somos buenos traductores.

Entonces eso tampoco lo hemos aprovechado muy bien, tenemos también alguna otra cosa, que no es ni pro ni en contra, que es un hecho de la causa, como se diría en derecho, y es que en Chile los grandes nombres que hemos generado, las grandes figuras internacionales, han nacido de lo más pobre, modesto y sencillo de este país, cito lo obvio: la Mistral, Neruda, los Parra, Víctor Jara. Cito mucha gente, incluso de una clase media de provincia, que Gonzalo Rojas, Pablo de Rokha, Claudio Arrau, mucha gente que nació en la provincia, que viene de lo más profundo de esta y que son desconocidos, que no están en los salones santiaguinos ni de Viña, han vivido sus vidas desde lo más profundo, de lo chileno y desde ahí han sido capaces de trascender y de organizar así un universo completo que dialoga con el resto del mundo. Eso es una cosa impresionante, porque en muchos otros países, los escritores, los grandes artistas son hijos de la clase media ilustrada, de la burguesía ilustrada, aquí nos encontramos con este fenómeno maravilloso y no lo sabemos aquilatar.

Ahora, afortunadamente, los medios digitales nos permiten acercarnos, o erradicar esa tremenda distancia, pero en general traer libros hasta acá, y aquí caigo en lo del distribuidor, o llevar libros hacia afuera, es muy caro, es carísimo. Los fletes te comen todo, aun cuando sean por carga marítima. Porque hay que llegar hasta Panamá, atravesar el canal y bajar por toda la costa pacífica de América hasta llegar acá, entonces es un viaje largo, caro, engorroso y sujeto a muchos riesgos, y si traes las cosas por avión, es carísimo porque se paga hasta el peso de cada libro en combustible o sea tienes que aportar al combustible, entonces hay una cadena de valor tremendamente amplificada y el valor agregado con el que llegan los libros a Chile es altísimo. Viceversa, el valor agregado que un libro chileno, físicamente tiene en una vitrina de una librería italiana, española, o norteamericana es terrible, por eso te digo que ahora afortunadamente, con la tecnología tú puedes jugar a las co-ediciones con editores amigos y lejanos, puedes imprimir a demanda, puedes hacer una serie de juegos que están acercando el mundo a nosotros. Entonces la distribución interna es difícil, también por un problema de distancia.

 

¿Cómo fue desarrollándose el catálogo de su editorial, de Liberalia?

Nosotros empezamos en realidad por libros infantiles, porque de alguna forma, yo sabía harto de libros infantiles, porque he trabajado mucho con eso y, por otro lado, porque hay una demanda concreta de libro infantil, o sea el hecho de que el gobierno de Chile, de hace veinte años o treinta años, esté comprando o haya invertido, desde la democracia, el gobierno ha invertido mucho en bibliotecas escolares, y esto hace que haya ahí uno de los pocos nichos redituables. Entonces yo empecé a trabajar el libro infantil, intentando hacer perspectivas antológicas para que la visión, este abanico, pudiera dar una idea, una impresión más completa, aunque fuera un poco más abierta, de las posibilidades que tiene un libro, y la diversidad de pensamiento y sensibilidad. Entonces hicimos algunas antologías con Cecilia Beuchat, que son muy bonitas, en torno a las palabras, para tres grados: primeros lectores, lectores intermedios y lectores un poco más grandes. Eso fue lo primero, y yo empecé a escarbar en algo que me interesa mucho, te reitero, yo soy una persona de provincia, en la profundidad de Chile, entonces busqué algunas novelas, que nadie quería editar o que nadie había editado aquí en Chile, lo habían editado en México, La Nueva Provincia y antes, el Tríptico de Cobquecura de Andrés Gallardo, ambos de él, que son obras literarias extraordinarias, Andrés, que murió lamentablemente hace poco tiempo, no era un hombre exhibido en la televisión ni mucho menos, entonces así como el conocimiento de base, de las esencias, esa fue mi otra veta, deposité una parte importante de mi búsqueda.

Por otro lado, la búsqueda de libros de conocimiento, para niños y adolescentes y con esfuerzos de co-edición cuando el proyecto era desmesurado, en algún momento co-edité con Pehuén, libros como Puro Chile, que es un enorme libro, fantástico, que vendimos muy bien porque es un libro de educación sobre Chile, abarcando desde la geografía hasta las leyes, la cultura, todo. Enseguida, otro filón que a mí me interesa mucho, que es un contacto simpático y muy entrañable, con los jóvenes sobretodo, son los cancioneros. Inicialmente, sacamos el de Manuel García, inicialmente queríamos que fuera un cancionero ilustrado, que fuera un libro que guardaras bajo tu almohada, que lo conservaras toda tu vida, pero que además aprendieras la guitarra, la postura, la música, y que además pudieras apreciar los textos en formas de poema, no solo cantado. Un poco reivindicando, antes que le dieran el Nobel a Bob Dylan, que dentro de la música y de los cantautores hay poesía muy rescatable, entonces salió el cancionero de Manuel y nos fue muy bien, ahora hemos sacado el de Nano Stern y estamos preparando un par de cosas más, pero que son sorpresas, no te las pienso decir -risas-. Son sorpresas.

La otra veta, es abordar a los clásicos chilenos, empezamos por Neruda, proponiendo en esta doble mirada, de afuera y de adentro del país, proponiendo una lectura bilingüe de Neruda, que estuviera en inglés y castellano, en torno a los temas determinados, porque es muy difícil que un norteamericano, un inglés, que un alemán se lea toda la Segunda Residencia, ¿qué es lo quiere él? Que dice Neruda de: los árboles, de la comida, de la vida, del amor. Esto nos sirvió para hacer estas antologías caprichosas, por ejemplo, imitando Veinte poemas de amor y una canción desesperada, hemos sacado los Veinte poemas de mesa y una castaña en el suelo, que también es un poema de Neruda o Veinte poemas al árbol y un cactus de la Costa, o Veinte poemas de vida y una campana rota, y así, y han tenido una muy buena llegada, porque le atiné, o sea el lector de afuera es un bilingüe, todas traducidas por nosotros mismos, con una excelente traducción de Mónica Cumar, nuestra traducción, son libros ilustrados muy bonitos, refinados, de buena factura. Atiné porque efectivamente el turista o la persona que no es poeta, se entusiasma, yo me entusiasmo por los árboles, aves, esas han sido básicamente las cosas.

Y luego, he buscado, por ejemplo, hemos editado un libro de sociología de Mayol, hace tres años atrás, hemos editado historia con Pehuén, hemos editado el libro de Anne Chapman sobre el fin del mundo en el Patagonia y los Selknam, el mundo antes y después de Darwin, libro apasionante de gran cuerpo histórico. Hemos editado algunas cosas dirigidas a la educación cívica de los primeros años universitarios, estamos indagando en esas cosas, y hemos rescatado algunas cuestiones que nos interesan, como fue el de rescatar los tiempos del No y la margarita o rescatar el dibujo de Palomo, de hace tiempo, muy vigente siempre, con monos de Palomo, que cuentan historias de los niños, para que los niños le pongan el texto, entonces siempre hay un juego con esas cosas. Tenemos planes hacia adelante, hay que cuidar mucho porque en general la venta de los libros, es mucho más lenta, entonces tienes que cuidar muy bien tu umbral de inversión, ese equilibrio es difícil de lograr, porque si uno se entusiasma puedes empezar a editar como loco pero cómo amortizas todo eso y recuperas para seguir haciendo.

 

 Cuéntanos alguna novedad para este año…

Acabo de sacar una pequeña antología que se llama Flor de Libro, de un poeta de Osorno, de Rahué, es profesor y hace clases en Valdivia, con dibujos de Alicia Hoffmann, que es dibujante naturalista y ha hecho libros tan extraordinarios como Darwin en Chile, la Ecología, y la Ecología del Agua, que es un libro fundamental.

Estamos sacando otro diccionario, porque esa es otra de mis otras obsesiones, las palabras. Vamos a sacar un diccionario, yo creo que en dos meses lo vamos a asacar, se llama Animalengua, sobre el uso y el abuso, el uso profuso, pero además justificado en literatura, voces normales, coloquiales, de los animales en la lengua chilena. Estamos sacando, hay varias publicaciones en este sentido, un libro para niños pequeños, de seis años más o menos, sobre el sistema solar, tema que aquí en Chile nos debe importar mucho porque no sólo estamos mirando el cielo, estamos mirando al pasado y al futuro, es un libro muy entretenido, porque es un libro contado, no te llena de cifras ni de magnitudes, te da ejemplos muy concretos, e incorpora no solo la visión universal sobre el camino del sistema solar, sino que también las visiones prehispánicas. Tenemos también, dos antologías de Neruda que van a salir, también Animales Músicos, la cantidad de músicos que hay en la naturaleza es increíble, si tú escucharas ese concierto con los oídos muy atentos, es una maravilla. Y probablemente saquemos algunas cosas de historia, muy puntuales.

 

Ahora nos vamos al mundo librero: ¿Por qué creaste la librería Prosa & Política?

Prosa & Política es una vitrina, un hijito de Liberalia, pero con una cantidad de libros que nosotros no distribuimos, sino que importamos a seix profeso en cantidades pequeñas, te digo que el promedio de libros que puedo importar de cosas muy específicas y de muy alto nivel, son entre cinco y diez libros, diez ejemplares de cada libro para todo el mundo académico interesado en Chile. Es un proyecto que exige mucho compromiso, mucho riesgo, lamentablemente y es una cosa trágica y ustedes lo deben estar sufriendo también en la Cámara, ese lugar se ha ido degradando mucho porque la plaza bellísima que había al lado de La Moneda, a treinta metros, entre Amunátegui y Teatinos: Valentín Letelier, esa plaza de ha degradado completamente, porque está transformada en un sitio en que hay buses de carabineros y llenos de vallas papales, lo que determina es que a veces ni yo misma puedo entrar a mi propia librería, porque no me dejan porque hay manifestaciones y porque todo transcurre en el entorno de La Moneda, pero además todo está muy descuidado, es una cara de Chile que no quisiéramos ver, no por las manifestaciones, porque está sucio y descuidado, mal aseado, maltratado. Entonces, la librería tiene su público y ahí una cantidad de gente que sigue y hago la publicidad a través Décimas, del Siglo de Oro y además tengo muchos seguidores en ese sentido. Es una librería que yo creo, y lo digo sin ninguna modestia, porque me lo han dicho muchos editores y libreros, es un lujo en este país esa librería, es una librería absolutamente impresionante porque es una librería que ha tomado riesgos muy importantes, de exclusividad, de especialidad, de nivel cultural.

Es lo que te puedo decir sobre las librerías, yo soy muy librera de corazón, he tenido librerías en Washington, Barcelona, me encanta esto y disfruto mucho cuando una persona se va muy contenta cuando con un libro que encontró y que le va a resolver un problema, de regalo, un problema subjetivo, psicológico, de amor, práctico, de conocimiento, una duda, en fin.

 

Me imagino que, en todos estos años de experiencia en el sector del libro, más de alguna anécdota debes tener, cuéntanos alguna

Las más conocida, es la que me tocó con la biblioteca de Pinochet. Un día, aquí, en mi oficina llaman por teléfono, contesto el fono y me dicen “soy el ministro Cerda, estoy viendo el caso Riggs y habíamos pensado si usted no querría participar en la tasación de la biblioteca de Pinochet, que está dentro de las investigaciones del caso Riggs” yo le dije “por supuesto que me interesa”. Entonces formamos un equipo con Gonzalo Catalán, que era el director, en ese momento, de bibliotecas públicas, era el subdirector de la Biblioteca Nacional, y él sabía muchas cosas, formamos un equipo ahí, con la Florencia García, que trabaja con Gonzalo, yo con un par de gentes mías también de mi equipo, y nos dedicamos a una buena parte del verano a tasar y a conocer las bibliotecas de Pinochet, que tenía aquí en Santiago, en la Dehesa, después en Bucalemu, en el Cajón del Maipo, ahí casi no había nada, en la Academia de Guerra, en la Escuela Militar. Y fue, por supuesto, una cosa llena de anécdotas personales muy importantes, porque conocer de cerca a quién quemó libros y, sin embargo, reunía libros enloquecidamente, no deja de ser una paradoja. Se han escrito muchas cosas, mi diagnóstico general es que él pensó, con una idea antigua, yo creo que acertada, de alguna forma, que el libro le daba una autoridad moral, y científica sobre el país, él no quería ser solo el déspota, quería ser el déspota ilustrado

Esa es una anécdota importantísima, desde todo punto de vista, y hay otras anécdotas menores que no valen mucho la pena, pero que están poblando mi vida como librera, desde Washington hasta aquí, desde gente que te llega…Me pasó en Washington, una vez, estaba sola, en la mañana, había abierto recién la librería y entra muy alterada, una mujer joven, de unos 28 años, muy alta, con aspecto cerúleo, amarillo, muy delgada, y me dice con acento chileno, “tenís libros que me ayuden a morir, me voy a morir en un mes” te quedas frita, afortunadamente reaccioné bien, dentro de mi desconcierto del impacto que esto te causa, le digo “y que te hubiese gustado hacer en el vida” y me dice “viajar, viajar mucho” “bueno, entonces te vas a dedicar a viajar, a través de los libros” entonces junté una cantidad de libros, infantiles de viajes, no supe nunca más de ella, verdaderamente estaba muy mal, seguramente se iba a morir en muy poco tiempo. Pero como librero, te puedes encontrar con este tipo de anécdotas, que me marcó mucho, porque también le da un sentido al libro, pero una prolongación de la vida, no es solamente el hecho de solazarse con una novela, un poema, un libro de arte, sino el hecho de prolongar la vida. Eso fue una anécdota muy personal, muy pequeña pero muy significativa para mí.


Berta, un pajarito me contó que tu escribías décimas y alguna vez vamos a tener el libro de Berta Concha…

-risas- Mira eso si que no lo sé, porque creo que mis décimas son, en general, son muy coyunturales, tienen que ver sí, harta gente me ha dicho, tengo seguidores en la Radio Beethoven, en la Radio Universidad de Chile, sí me preguntan, sí me piden. Incluso me han pedido autorización para publicar mis décimas o para usarlas desde Costa Rica, desde México, Colombia, me han pedido de otros países que escuchan estas radios, pero la verdad es que yo soy bien modesta en este sentido, bien poco… no sé, estoy muy consciente que son décimas coyunturales, ahora, la mayor parte de ellas apunta a que el libro y la lectura tiendan a ser más humano.