La Lectura en Espacios Públicos de Santiago

509La Lectura en Espacios Públicos de Santiago

Alberto Mayol, Carla Azócar, Isidora Vásquez

  • Artículo publicado en la Revista Anales de la Universidad de Chile.

En el marco de una investigación sobre las condiciones de institucionalización de la lectura como práctica cultural, se examinaron parques, recorridos de Transantiago (troncales y alimentadores), líneas de Metro, salas de esperas de casas comerciales, de servicios de salud y de bancos, bibliotecas, centros comerciales, recorridos de Metrotren y de buses interurbanos, paraderos, museos, cafeterías y librerías. El proyecto había nacido para comprender la relación de la lectura y los libros con la vida cotidiana, tratando de entender cómo la actividad de leer se relaciona con los tiempos y espacios de los ciudadanos. Una dimensión de esa relación es la que aquí abordamos: la lectura y el espacio público urbano, específicamente en la ciudad de Santiago. La investigación está compuesta por diversos informes de variadas perspectivas y metodologías, pero nos ha parecido interesante concentrar la mirada en lo que está aconteciendo en las calles.

A partir de estas 200 horas de observación llevadas a cabo por un equipo de etnógrafas y etnógrafos de la Universidad de Chile, obtuvimos un panorama sobre las actividades que las personas desarrollan en ellos y cómo se inscriben actividades culturales y específicamente la lectura.

Nuestro interés es la lectura no-obligatoria, que se desarrolla por motivos más cercanos a la curiosidad, la entretención, el placer, la belleza, es decir la lectura que se inscribe en el marco de actividades de ocio, o hedonistas si se quiere, en tanto no está orientada a reportar beneficios materiales ni sociales específicos, como el prestigio, el desarrollo laboral, el consumo, o en definitiva la adaptación social. Esta lectura ociosa es la que entendemos fundamental para la mantención del hábito de la lectura en general y es, a la vez, la que vemos críticamente amenazada en nuestra sociedad. Por supuesto, nuestra observación no discriminó la lectura obligatoria, pero se considera ella un telón de fondo sobre el cual la práctica voluntaria es decisiva. De alguna manera, durante la investigación fuimos definiendo la necesidad de distinguir entre la lectura obligatoria,la lectura instrumental y la lectura ociosa. Los límites de estos conceptos guardan en su seno algunas deficiencias, pero son un avance indispensable a nuestro juicio. La lectura obligatoria está asociada a exigencias laborales o estudiantiles que son de carácter perentorio.

Si el nuevo trabajo supone trabajar con un nuevo sistema operativo, un nuevo procesador de datos, si supone revisar el manual mecánico de una máquina (automóvil, avión), por ejemplo, evidentemente estamos frente a la lectura obligatoria. Por otro lado, mucho más difusa, se encuentra la lectura instrumental. Se trata de una cultura que supone un aprendizaje concreto o cuyo aprendizaje genérico se enmarca en el esfuerzo de generar un rendimiento futuro de corte utilitario. La lectura pasa a ser portadora de un recurso, de un capital, útil para desenvolverse en actividades específicas que generan alguna clase de rendimiento en esa expectativa normativa fundamental de las sociedades contemporáneas que es el éxito (tener dinero, fama, poder, básicamente) o al menos en la mitigación del fracaso y la soledad (lo que ejecutan los libros de autoayuda). Finalmente, la lectura por ocio es aquella que definimos como mera lectura por la lectura, basada en el placer, la satisfacción de necesidades espirituales o el pasatiempo.

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