En este Día Mundial del Folclore, que celebramos cada 22 de agosto, queremos destacar la labor de escritores, artistas e investigadores que dedicaron parte importante de sus trayectorias a recopilar, estudiar y difundir las tradiciones y expresiones de la cultura popular chilena. A través de la investigación y recopilación realizada a lo largo del país, así como de la música, la literatura y numerosas publicaciones, contribuyeron a preservar un patrimonio que durante generaciones se transmitió principalmente de manera oral.
En este ámbito, una de nuestras figuras fundamentales es Violeta Parra, compositora, cantora, artista visual, poeta y recopiladora de folclore, que trascendió este legado a través de su creación musical. Durante la década de 1950 recorrió campos y localidades del Valle Central entrevistando y grabando a cantores populares, en una extensa labor de rescate de canciones, décimas, tonadas y otras expresiones transmitidas de generación en generación. Parte de este trabajo quedó registrado en Cantos folklóricos chilenos, publicación que reúne canciones y testimonios recogidos durante sus investigaciones.
Junto a ella, Margot Loyola, folclorista, intérprete, investigadora, escritora y docente, dedicó décadas al estudio de músicas, danzas y celebraciones tradicionales de distintas zonas del país. Sus investigaciones abarcaron expresiones como la tonada, la cueca, el cachimbo y la refalosa, además de manifestaciones culturales de Rapa Nui y del mundo mapuche, y quedaron plasmadas en publicaciones como Bailes de tierra en Chile y La tonada: testimonios para el futuro.
Desde el ámbito académico, el antropólogo, investigador y folclorólogo Manuel Dannemann desarrolló una extensa labor dedicada al estudio de la cultura tradicional, la poesía popular y las distintas identidades presentes en el territorio. Su trabajo dio origen a numerosas investigaciones y publicaciones que contribuyeron a sistematizar el conocimiento sobre estas manifestaciones, entre ellas Enciclopedia del folclore de Chile, Tipos humanos en la poesía folclórica chilena, El romancero chileno, Bibliografía del folklore chileno: 1966-1976 y Atlas del folklore de Chile.
La cultura popular también encontró un espacio relevante en la obra de Antonio Acevedo, dramaturgo, escritor, periodista e investigador, quien junto con su reconocida producción teatral y narrativa se interesó por estudiar y registrar distintas expresiones del folclore nacional. En este ámbito destacan títulos como Los cantores populares chilenos, dedicado a quienes mantuvieron viva la tradición poética y musical popular, además de sus investigaciones en torno a la cueca y las canciones tradicionales. Su producción literaria incluye también obras como Chañarcillo, La canción rota, Árbol viejo, Pedro Urdemales y Piedra azul.
Otro nombre relevante es el del poeta, investigador y académico Fidel Sepúlveda, quien dedicó buena parte de su trabajo al patrimonio cultural inmaterial chileno, con especial atención a la oralidad, el canto a lo poeta, los relatos populares y las tradiciones campesinas. Esta preocupación recorrió publicaciones como A lo humano y a lo divino, El canto a lo poeta: a lo divino y a lo humano, Patrimonio, identidad, tradición y creatividad y De la raíz a los frutos: literatura tradicional, fuente de identidad, desde las cuales abordó el valor de estas expresiones como parte de la memoria y la identidad cultural del país.
Finalmente, Oreste Plath, escritor, folclorólogo y gestor cultural, a quien recordamos hace algunos días con motivo de su natalicio, desarrolló una de las labores más extensas de recopilación y divulgación del folclore chileno. Recorrió el país investigando directamente costumbres, creencias, mitos, leyendas, juegos, lenguaje popular, religiosidad, gastronomía y numerosas manifestaciones tradicionales que luego llevó al registro escrito. Ese trabajo permanece en libros como Folklore chileno, Geografía del mito y la leyenda chilenos, Baraja de Chile, Folklore religioso chileno, Juegos y diversiones de los chilenos, Folclor del carbón: en la zona de Lota, Arte tradicional de Chiloé y El Santiago que se fue, obras que siguen acercando a nuevas generaciones a una parte fundamental de nuestro patrimonio cultural.