Poeta, cronista y artista visual, Carmen Berenguer se transformó en una de las voces más singulares de la poesía chilena de las últimas décadas. Nacida en Santiago en 1942, pasó buena parte de su infancia entre antiguas pensiones y barrios populares de la capital, criada por su madre y una tía abuela. Comenzó a escribir desde joven, encontrando en la poesía una forma de expresar aquello que, como ella misma reconocería años después, no podía comunicar de otra manera.
Su nombre comenzó a instalarse con fuerza en la escena literaria durante los años ochenta, en plena dictadura. En ese contexto publicó Bobby Sands desfallece en el muro (1983), Huellas de siglo (1986) y A media asta (1988), tres libros que marcaron su primera etapa y que ya mostraban una poesía atenta a la violencia política y la calle. Berenguer fue también parte activa de la bohemia y la escena cultural de esos años, cercana a Pedro Lemebel y Francisco Casas, integrantes de Las Yeguas del Apocalipsis, con quienes participó en distintas acciones de arte.
Su trabajo, sin embargo, nunca se limitó a los libros. Fue editora de las revistas Hoja X Ojo y Al Margen y tuvo un papel fundamental en la organización del Primer Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana, realizado en Santiago en 1987. El encuentro reunió a escritoras y creadoras para discutir sobre literatura, género y las dificultades que enfrentaban las mujeres para abrirse espacio en un campo cultural históricamente dominado por hombres.
En los años siguientes continuó explorando nuevos registros en obras como Sayal de pieles y Naciste pintada, esta última construida a partir de materiales como cartas desde presidios y testimonios de trabajadoras sexuales.
Carmen Berenguer siguió escribiendo hasta sus últimos años, siempre ligada a los cambios sociales y políticos. Desde su departamento cercano a Plaza Baquedano observó las movilizaciones iniciadas en octubre de 2019, experiencia que llevó a poemas, crónicas y registros visuales reunidos en Plaza de la Dignidad (2020). Becaria Guggenheim en 1997, recibió en 2008 el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda y presidió en dos oportunidades la Sociedad de Escritores de Chile.
Murió en Santiago el 16 de mayo de 2024, dejando una obra que pasó por la poesía, la memoria, la política y la experimentación a través del arte.