Del periodismo a la literatura: periodistas nacionales que han dejado huella con sus relatos

Del periodismo a la literatura: periodistas nacionales que han dejado huella con sus relatos

En el marco de una nueva conmemoración del Día del Periodista, queremos destacar a hombres y mujeres que han encontrado en la frontera entre el periodismo y la literatura un terreno fértil para escribir, investigar y explorar tanto nuestra realidad como sus propios mundos. Hoy reconocemos a seis profesionales de las comunicaciones que han dejado una huella duradera en las letras chilenas e internacionales.

 

Enrique Lafourcade (1927-2019)

Figura clave de la Generación del 50, Enrique Lafourcade fue un prolífico escritor, crítico literario y periodista que dejó una huella histórica en nuestra narrativa. Su novela “Palomita Blanca” se transformó en un fenómeno editorial sin precedentes, y su labor periodística incluyó colaboraciones en El Mercurio, Las Últimas Noticias y la televisión. Además, desarrolló una obra marcada por la crítica social, la sátira y el neocriollismo.

 

Raquel Correa (1934-2012)

Considerada una de las periodistas políticas más influyentes del país, Raquel Correa combinó agudeza y asertividad con una obra que retrata parte esencial de la historia reciente de Chile. Su estilo incisivo y valiente quedó plasmado en entrevistas emblemáticas publicadas en El Mercurio, y en libros como “Ego sum Pinochet” y “Preguntas que hacen historia”, convirtiéndose en un referente indiscutido del género.

 

Marta Blanco (1938-2020)

Narradora, periodista y figura clave de la literatura chilena del siglo XX, Marta Blanco desarrolló una obra diversa que incluyó cuentos, novelas y entrevistas. Su paso por medios como El Mercurio y El Periodista le permitió explorar una escritura lúcida y crítica, especialmente durante los años 80. Su narrativa, muchas veces aguda y cargada de ironía, se complementó con una destacada labor como formadora de nuevos escritores y jurado en importantes premios literarios.

 

Isabel Allende (1942-)

Periodista de formación, Isabel Allende es una de las autoras más leídas en lengua española en el mundo. Comenzó su carrera en medios como la revista Paula, donde desarrolló un estilo cercano, reflexivo y agudo, antes de abrirse paso en la ficción con La casa de los espíritus, una novela que marcó su debut literario y dio inicio a una vasta trayectoria reconocida internacionalmente. A lo largo de su obra, Allende ha entrelazado elementos autobiográficos, memoria histórica y un compromiso permanente con las voces silenciadas, dando testimonio de su vocación narrativa con raíces profundas en el ejercicio del periodismo.

 

Patricia Verdugo (1947-2008)

Reconocida por periodismo de investigación, Patricia Verdugo fue una cronista de los crímenes cometidos durante la dictadura, convirtiéndose en un símbolo de la lucha por los derechos humanos. Verdugo ganó el Premio Nacional de Periodismo en 1997 y el Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia.

 

Francisco Mouat (1962-)

Cronista y observador de lo cotidiano, Francisco Mouat ha construido una obra literaria que transita entre la crónica, el ensayo y la memoria personal. Autor de títulos como “El empampado Riquelme” y “Algunos adioses”, Mouat ha trabajado en medios como Apsi, Don Balón y El Mercurio, y ha creado su propio sello editorial, Lolita Editores.

 

Benjamín Labatut (1980-)

Considerado uno de los escritores más innovadores de la actualidad, Benjamín Labatut ha convertido la ciencia y la filosofía en materia narrativa de interés internacional. Su libro “Un verdor” terrible le abrió las puertas del mundo, siendo traducido a más de 20 idiomas y nominado al Booker Prize. Periodista de formación, Labatut cruza las fronteras del ensayo y la ficción en obras como “Después de la luz” y “MANIAC”, consolidando una propuesta literaria compleja y fascinante, reconocida por figuras internacionales como Barack Obama y Natalie Portman.

Recorriendo la historia del Premio Nacional de Literatura: Década del 2010

Recorriendo la historia del Premio Nacional de Literatura: Década del 2010

Nos acercamos a los años más recientes en la historia del Premio Nacional de Literatura, y esta vez recordamos a una generación de autores y autoras que, en su mayoría aún activos, continúan deslumbrándonos con su talento, su obra y su inagotable aporte a las letras nacionales. Esta década se caracterizó por la diversidad de voces premiadas, desde poetas hasta novelistas de renombre internacional.

La escritora Isabel Allende fue galardonada en 2010, consolidando su sitial como una de las autoras más leídas del mundo en habla hispana. Con novelas emblemáticas como “La casa de los espíritus” (1982) e “Inés del alma mía” (2006), la autora ha sabido entrelazar la memoria histórica con lo íntimo y lo fantástico, cautivando a millones de lectores en todo el mundo.

En 2012, el reconocimiento fue para el poeta Óscar Hahn, cuya obra ha sabido dialogar entre el amor y la metafísica, tal como se aprecia en libros como “Esta rosa negra” (1961) y “En un abrir y cerrar de ojos” (2006). Dos años más tarde, en 2014, fue distinguido Antonio Skármeta, novelista que nos dejó en 2024, pero cuyo legado cultural permanece imborrable en la memoria colectiva, incluyendo obras como “Ardiente paciencia” y “El baile de la victoria”.

Finalmente, completan esta década el poeta Manuel Silva Acevedo, galardonado en 2016, con obras como “Lobos y ovejas” y “Día quinto”, y la novelista Diamela Eltit, distinguida en 2018, por su escritura experimental y política, expresada en títulos como “Lumpérica” y “El cuarto mundo”, ha sido fundamental para entender las transformaciones de nuestro lenguaje y de la sociedad chilena contemporánea.

Recorriendo la historia del Premio Nacional de Literatura: Década del 2000

Recorriendo la historia del Premio Nacional de Literatura: Década del 2000

Llegamos a los años 2000 y el Premio Nacional de Literatura reconoce a destacados poetas, novelistas y ensayistas que marcan la tradición literaria de nuestro país. Entre los galardonados de esta década, encontramos una de las prosas más vigentes de nuestra literatura y que hasta hoy continúa compartiendo su obra a lo largo del territorio nacional.

Nos referimos al primer autor reconocido en este período: el poeta Raúl Zurita (1950-), cuya obra, marcada por la memoria y la esperanza, lo ha convertido en una figura fundamental de la poesía contemporánea. Libros como “Purgatorio” (1979), “Anteparaíso” (1982) y “La vida nueva” (1994) consolidaron su lugar como uno de los grandes referentes literarios del país.

En 2002, el galardón fue otorgado al ensayista Volodia Teitelboim (1916–2008), figura clave del pensamiento político y cultural del siglo XX. “Obras como Hijo del salitre” (1952) y “Neruda” (1984) retratan momentos históricos y profundas reflexiones sobre identidad y literatura.

Dos años más tarde, en 2004, fue el turno del poeta y ensayista Armando Uribe (1933–2020), autor de obras como “No hay lugar” (1970) y “El libro negro de la intervención norteamericana en Chile” (1974), cuyas obras se destacan por su intensidad crítica. Luego, en 2006, el novelista y cuentista José Miguel Varas (1928–2011), quien nos dejó títulos como “Neruda y el huevo de Damocles” (1991), fue premiado por su narrativa y compromiso social.

Finalmente, en 2008, se reconoció la trayectoria del poeta Efraín Barquero (1931–2020), autor de “La piedra del pueblo” (1954) y “Mujeres de oscuro” (1993), quien, con una lírica sencilla y profunda, capturó el alma popular.

Franz Kafka y el legado de las obras que casi se perdieron en el olvido

Franz Kafka y el legado de las obras que casi se perdieron en el olvido

El 3 de junio de 1924, Franz Kafka moría en el anonimato en un sanatorio de Austria, víctima de la tuberculosis. Tal como su célebre personaje Gregorio Samsa en “La metamorfosis”, su vida osciló entre el aislamiento, la enfermedad y sus conflictos internos. Sin embargo, el tiempo le haría justicia, ya que Kafka es hoy una de las figuras más influyentes de la literatura moderna.

Nacido el 3 de julio de 1993, en Praga, Kafka fue el mayor de seis hermanos. Su niñez y adolescencia estuvo marcada por la rígida relación con su padre y la presión familiar por seguir un camino que no deseaba, lo que desencadenó su profunda sensibilidad.

De hecho, obras como “La condena” (1913) o “La metamorfosis” (1915) fueron el reflejo de sus heridas más íntimas, escritas en noches donde el cuerpo sufría tanto como la mente, siendo su literatura, en muchos sentidos, una forma de resistencia ante el sinsentido y la deshumanización del mundo de comienzos del siglo XXI.

Más allá de los mitos sobre su figura, Kafka fue también un hombre con sentido del humor, amante de la conversación y profundamente sensible. Tuvo cuatro relaciones sentimentales a lo largo de su vida, siendo la última, con Dora Diamant, la más estable. Con ella compartió sus últimos días en Berlín, soñando juntos con abrir un restaurante en Palestina. Aunque ese sueño no se cumplió, Dora lo acompañó hasta el final.

Durante sus últimos años, la enfermedad lo llevó de sanatorio en sanatorio. Fue en ese contexto donde escribió “El castillo” y donde también expresó su última voluntad: que todos sus manuscritos fueran destruidos. Sin embargo, su amigo Max Brod, desobedeció esta petición. Gracias a él, obras como “El proceso” (1925) y “El castillo” (1926) vieron la luz póstumamente.

Hoy, a más de un siglo de su partida, Kafka sigue siendo una figura clave para entender los miedos de la sociedad actual. Mientras que sus relatos siguen iluminando el camino de millones de lectores a lo largo de todo el mundo.

Jorge Teillier: el poeta que volvió a cantar desde los lares

Jorge Teillier: el poeta que volvió a cantar desde los lares

En la última mitad del siglo XX, nuestra poesía conoció una de sus voces más singulares y profundas: Jorge Teillier, iniciador de la llamada poesía lárica, corriente que reivindicó con nostalgia los paisajes, los ritos y la memoria. En su obra conviven los bosques lluviosos del sur de Chile, los trenes envueltos en niebla, las pequeñas pérdidas cotidianas y una soledad urbana habitada por bares y boxeadores caídos.

Teillier, nacido el 24 de junio de 1935, fue parte fundamental de la Generación Literaria de 1950. Un grupo de autores que renovó la poesía nacional con una sensibilidad anclada tanto en la introspección como en el desencanto. Su propuesta poética se debatía entre dos mundos: por un lado, la reconstrucción simbólica del “lar”, esa patria íntima del tiempo perdido y, por otro, la crudeza de la vida bohemia y el desgaste de los días.

Publicó su primer libro, “Para ángeles y gorriones”, en 1956, seguido por títulos imprescindibles como “Los trenes de la noche y otros poemas” (1964), “Poemas secretos” (1965) y “Muertes y maravillas” (1971). Su producción fue acompañada también por una notable labor como traductor —destaca su versión de La confesión de un granuja, del poeta ruso Sergei Esenin—, cuentista y colaborador en prensa y revistas literarias.

Además de su creación poética, Teillier mostró un compromiso activo con la memoria cultural del país. En 1962 publicó “Romeo Murga: Poeta adolescente”, rescatando voces olvidadas. Mientras que un año después fundó la revista Orfeo junto a Jorge Vélez. En 1965 escribió el ensayo “Los poetas de los lares”, que sirvió como manifiesto de toda una corriente poética centrada en la provincia, la infancia y el respeto por las tradiciones.

Traducido a múltiples idiomas y con dos selecciones bilingües, su obra ha trascendido fronteras. Jorge Teillier falleció el 22 de abril de 1996 en Viña del Mar, dejando una obra poética que sigue marcando la memoria colectiva.

Les dejamos uno de sus poemas:

LETRA DE TANGO

La lluvia hace crecer la ciudad
como una gran rosa oxidada.
La ciudad es más grande y desierta
después que junto a las empalizadas del Barrio Estación
los padres huyen con sus hijos vestidos de marineros.
Globos sin dueños van por los tejados
y las costureras dejan de pedalear en sus máquinas.
Junto al canal que mueve sus sucias escamas
corto una brizna para un caballo escuálido
que la olfatea y después la rechaza.
Camino con el cuello del abrigo alzado
esperando ver aparecer luces de algún perdido bar
mientras huellas de amores que nunca tuve
aparecen en mi corazón
como en la ciudad los rieles de los tranvías
que dejaron hace tanto tiempo de pasar.

45 Feria internacional del Libro