María Luisa Bombal: Una vida de pasión, intensidad y literatura

Este domingo 8 de junio conmemoramos un nuevo aniversario del nacimiento de María Luisa Bombal, una de las figuras más singulares y vanguardistas de la literatura chilena. Nacida en Viña del Mar en 1910, Bombal tuvo una vida marcada por los viajes, la intensidad y una obra que, pese a su brevedad, se adelantó a su tiempo y sigue despertando el interés hasta el día de hoy.

A los ocho años se trasladó a París junto a su madre y hermanas, tras la muerte de su padre. Allí completó su formación en la Universidad de La Sorbonne, donde presentó una tesis sobre el escritor e investigador francés, Prosper Mérimée. Su regreso a Chile marcó el inicio de una compleja historia sentimental con Eulogio Sánchez, un episodio que influenciaría profundamente su vida y obra, y que derivó en un escándalo que la llevó a prisión.

Años más tarde, en Buenos Aires, invitada por Pablo Neruda, se integró al movimiento intelectual de la revista Sur y publicó sus dos novelas más importantes: “La última niebla” (1935) y “La amortajada” (1938); esta última considerada una pieza clave de la narrativa latinoamericana. Su estilo ha sido comparado con figuras como Virginia Woolf y William Faulkner, y ha sido visto como antecedente de obras fundamentales del realismo mágico, como “Pedro Páramo” de Juan Rulfo.

A pesar de vivir décadas fuera de Chile, en Estados Unidos y Argentina, Bombal nunca dejó de pensar en su país. Sin embargo, esta fidelidad no fue correspondida en vida y murió en soledad en 1980, sin haber recibido el Premio Nacional de Literatura.

Su obra fue rescatada en 1997 por la académica Lucía Guerra, quien recopiló y publicó sus Obras completas.

Hoy, a más de un siglo de su nacimiento, la figura de María Luisa Bombal continúa vigente. Su capacidad para retratar el mundo interior femenino, las tensiones del deseo y las limitaciones impuestas por la sociedad patriarcal la posicionan como una voz precursora de los estudios de género en la literatura.

Recorriendo la historia del Premio Nacional de Literatura: Década del 1960 con autores que marcaron época

Seguimos con nuestro especial dedicado a los autores y autoras ganadores del Premio Nacional de Literatura a lo largo de nuestra historia. El día de hoy les presentamos a los escritores reconocidos durante la década del 60, junto a algunas de sus obras más destacadas.

Durante estos años fueron galardonadas figuras fundamentales de nuestra tradición literaria, entre ellas la destacada Marta Brunet, segunda mujer en recibir este premio, y Nicanor Parra, quien revolucionó la poesía con su propuesta antipoética.

El inicio de la década estuvo marcado por el reconocimiento a Julio Barrenechea en 1960, poeta y novelista, autor de obras como “El mitín de las mariposas” (1930) y “Diario morir” (1954). Al año siguiente, en 1961, fue premiada Marta Brunet, novelista y cuentista que retrató con agudeza el mundo rural chileno y la infancia, a través de títulos como “Montaña adentro” (1923) y “Cuentos para Mari-Sol” (1938).

En 1962, el galardón fue para Juan Guzmán Cruchaga, poeta y dramaturgo, autor de “Agua del cielo” (1924) y “Canción y otros poemas” (1942). Le siguió, en 1963, Benjamín Subercaseaux, novelista y ensayista que exploró la geografía y cultura chilena en textos como “Chile o una loca geografía” (1940) y “Tierra de océano” (1946).

Francisco Coloane, premiado en 1964, es recordado por su narrativa de aventuras ambientada en los confines del sur del mundo, con obras como “El último grumete de la Baquedano” (1941) y “Los conquistadores de la Antártida” (1945). Un año más tarde, en 1965, fue el turno de Pablo de Rokha, poeta autor de textos emblemáticos como “Epopeya de las bebidas y comidas de Chile” (1945) y “Fuego negro” (1953).

En 1966 se reconoció a Juvencio Valle, poeta conectado con el paisaje chileno, con obras como “Nimbo de piedra” (1941) y “Del monte en la ladera2 (1960). Mientras que el novelista Salvador Reyes Figueroa fue galardonado en 1967, destacando con títulos como “Barco ebrio” (1923) y “El continente de los hombres solos” (1956).

Finalmente, Hernán del Solar recibió el premio en 1968. Autor polifacético, dejó un legado literario amplio y diverso. Entre sus obras más destacadas se encuentran “Viento verde” (1940) y “La noche de enfrente” (1952). Cerrando la década, en 1969, fue reconocido Nicanor Parra, con títulos como “Cancionero sin nombre” (1937) y “Poemas y antipoemas” (1954). Parra rompió con los moldes tradicionales de la lírica y propuso una voz irónica, directa y revolucionaria que marcó un antes y un después en la literatura nacional.

Recorriendo la historia del Premio Nacional de Literatura: Década de 1950 y la primera escritora galardonada

Continuando con nuestro especial del Premio Nacional de Literatura, hoy nos detenemos en una década clave para el desarrollo de las letras nacionales: los años 50. Diez autores fueron reconocidos durante estos años y, entre ellos, Gabriela Mistral se convirtió en 1951 en la primera mujer en recibir este galardón, curiosamente, años después de obtener el Premio Nobel de Literatura en 1945.

En 1950, el galardón fue entregado a José Santos González Vera, novelista de fuerte compromiso social, conocido por obras como “Vidas mínimas” (1923) y “Alhué” (1928). Al año siguiente, fue distinguida Gabriela Mistral, figura fundamental de la poesía latinoamericana, con libros como “Desolación” (1922) y “Tala” (1938).

En 1952, el reconocimiento recayó en Fernando Santiván, narrador y cuentista, autor de “El crisol” (1913) y “La hechizada” (1916). Mientras que en 1953, recibió el premio Daniel de la Vega, poeta, cronista y novelista, autor de obras como “Luz de candilejas” (1930) y “Fechas apuntadas en la pared” (1932). El año siguiente, fue el turno de Víctor Domingo Silva, poeta y dramaturgo con una larga trayectoria, iniciada con “La nueva Marsellesa” (1903) y “Golondrina de invierno” (1912). En 1955, el ensayista Francisco Antonio Encina fue galardonado por textos fundamentales como “Nuestra inferioridad económica” (1912) y su insigne obra “Historia de Chile desde la Prehistoria hasta 1891” (1952).

En 1956, el poeta Max Jara fue reconocido por su delicada obra lírica, entre ellas “¿Poesías…?” (1914) y “Asonantes” (1922). En 1957, el laureado escritor Manuel Rojas obtuvo el premio por su obra narrativa marcada por el existencialismo y la crítica social, siendo “Hijo de ladrón” (1951) uno de sus títulos más representativos. En 1958, el galardón recayó en Diego Dublé Urrutia, poeta que publicó su primer libro “Veinte años” en 1898 y más tarde “Fontana cándida” (1953). Finalmente, en 1959, fue distinguido el crítico literario y ensayista Hernán Díaz Arrieta, autor de “La sombra inquieta” (1915) e “Historia personal de la literatura chilena” (1954).

Despedimos al “Sabio de la tribu”: Gastón Soublette

El pasado domingo 25 de mayo falleció, a los 98 años, Gastón Soublette, figura clave del pensamiento humanista en nuestro país, con una trayectoria de más de seis décadas que abarcó la música, la literatura, la filosofía, el cine, la historia del arte, la simbología y el estudio de la cultura popular.

Soublette nació el 29 de enero de 1927. Estudió Derecho en la Universidad de Chile, sede Valparaíso, pero su vocación lo llevó a especializarse en Música y Musicología en el Conservatorio de París. Desde entonces, su vida estuvo marcada por la reflexión profunda y la creación interdisciplinaria. En la Universidad de Chile se desempeñó como profesor del Instituto de Investigaciones Musicales entre 1957 y 1965, donde estuvo a cargo de la investigación del folklore musical nacional y de la creación del archivo folclórico del Instituto.

Años más tarde viviría uno de los momentos más significativos de su carrera: su trabajo junto a Violeta Parra, con quien colaboró en la transcripción a escritura musical del repertorio recopilado por la cantora en distintas regiones del país. Esta labor hizo posible la publicación del libro Cantos Folklóricos Chilenos, una obra fundamental para la preservación y difusión del folclore nacional. Además, Soublette compartió investigaciones y diálogos con otras figuras claves de nuestro patrimonio cultural, como Margot Loyola, Héctor Pavez y Gabriela Pizarro.

Durante 47 años fue docente en la Pontificia Universidad Católica de Chile, donde dirigió el Instituto de Estética durante la década de 1980. Desde allí impulsó una mirada integradora sobre el arte, la espiritualidad y el pensamiento, convirtiéndose en un referente para varias generaciones de estudiantes, artistas e investigadores. Fue una voz crítica del sistema sociopolítico chileno y un defensor del diálogo intercultural, en especial entre Oriente y Occidente, destacando su aporte en la difusión del pensamiento taoísta.

Publicó más de una veintena de libros. Entre sus obras más reconocidas están Sabiduría chilena de tradición oral, El Cristo Preexistente, Rostro de hombre, y La estrella de Chile, este último una obra clave sobre la simbología de los emblemas patrios. Destaca también su edición y comentario de El libro del Tao y la Virtud de Lao-Tsé.

Por su inmenso aporte a la cultura y al pensamiento, Soublette fue galardonado con el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales en 2023. Ese mismo año, recibió el Premio de la Academia Chilena de Bellas Artes, y anteriormente, en 2020, fue distinguido por la Corporación Patrimonio Cultural de Chile.

Hoy, desde la Cámara Chilena del Libro rendimos homenaje al “Sabio de la tribu”, quien ha trascendido las fronteras del conocimiento y continúa invitándonos a cultivar una mirada ética, estética y profundamente humana sobre nuestra sociedad.

Por el recuerdo eterno de Claudio di Girolamo

Con profundo pesar, la Cámara Chilena del Libro lamenta el fallecimiento de Claudio di Girolamo, destacado artista visual, director teatral y dramaturgo chileno-italiano, que falleció la madrugada de este jueves 22 de mayo, a los 95 años.

Originario de Italia, Claudio di Girolamo llegó a Chile en 1948, a los 18 años, tras la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, dedicó su vida al desarrollo artístico y cultural del país, convirtiéndose en una figura clave de nuestro quehacer cultural, ya sea como artista plástico, director teatral, escenógrafo o realizador audiovisual.

Fue fundador del Teatro Ictus y del Taller Teatro Dos, primer jefe de la División de Cultura del Ministerio de Educación y director ejecutivo de Canal 13 entre 1969 y 1971. Su impronta también se sintió en la televisión pública con el recordado programa «Bellavista 0990», que dirigió y condujo en TVN en los años 90.

La Cámara Chilena del Libro tuvo el honor de contar con su apoyo y colaboración en distintas iniciativas del fomento lector y de la cultura del libro, siendo un aliado indispensable en la promoción de una cultura abierta y reflexiva.

Además, el Estado reconoció su trayectoria con importantes distinciones como la Orden al Mérito Docente y Cultural Gabriela Mistral (2001) y la Orden al Mérito Artístico y Cultural Pablo Neruda (2016).

Su legado en el arte y la cultura deja una huella imborrable. Como Cámara Chilena del Libro, expresamos nuestras más sinceras condolencias a su familia, amigos y al mundo cultural que hoy despide a uno de sus grandes referentes.

Recorriendo la literatura chilena con aires marinos

En este Mes del Mar, destacamos diversas obras de nuestra literatura que nos presentan la belleza, majestuosidad e inmensidad de nuestro océano.

En esta ocasión les presentamos tres libros que abordan el mar desde diferentes miradas, como los recuerdos y ojos de una niña, los relatos en torno a las características de nuestra costa y los paisajes inhóspitos que se mezclan con la pampa en el sur de nuestro país.

Cuentos inspirados en el mar de Chile:

Los “Cuentos inspirados en el mar de Chile”, seleccionados por la Liga Marítima de Chile, exploran el vínculo entre nuestro país y su entorno marino, a través de historias reales y ficticias. Estos cuentos suelen incluir relatos de la vida cotidiana, mitos, fábulas o leyendas relacionadas con el mar chileno.

Sofía y el mar:

“Sofía y el mar”, de Tom Percival, cuenta la historia de Sofía, una niña que pierde su oso de peluche favorito en la playa. El mar se convierte en el protagonista de la búsqueda, llevándolo a través de diversos lugares hasta que, finalmente, otro niño lo encuentra.

La historia aborda temas como la pérdida, el duelo y la importancia de mantener los recuerdos en el corazón.

Golfo de Penas:

Un clásico de nuestra literatura. “Golfo de Penas”, de Francisco Coloane, es una colección de dieciocho cuentos ambientados en la pampa patagónica y el sur de Chile, donde se exploran la soledad, la naturaleza y la luca por la supervivencia humana en entornos inhóspitos. En los relatos, capitanes de barco, ballenas, goletas y cazadores de focas enfrentan ella grandeza de estos lugares remotos.

Los invitamos a descubrir éstas y otras historias en torno a nuestro océano en el Mes del Mar.

Recorriendo la historia del Premio Nacional de Literatura: los primeros galardonados de la década de 1940

Celebrando la aprobación de la entrega anual del Premio Nacional de Literatura en el Congreso, invitamos a nuestra comunidad lectora a hacer un recorrido por cada uno de los ganadores de este reconocimiento a lo largo de la historia, con el objetivo de valorar y redescubrir a autores y autoras fundamentales de nuestra literatura nacional.

El Premio Nacional de Literatura de Chile, uno de los Premios Nacionales creados en 1942 bajo el gobierno de Juan Antonio Ríos, es el máximo galardón que puede recibir una escritora o escritor en nuestro país. Y desde entonces, ha reconocido el aporte de destacados nombres de las letras nacionales.

El primer escritor en recibir este reconocimiento fue Augusto d’Halmar, en 1942. Figura clave del modernismo chileno, d’Halmar fue autor de novelas como “Juana Lucero” (1902), considerada una de las primeras novelas modernas del país, y “Pasión y muerte del cura Deusto” (1924), obra que ahonda en el conflicto espiritual y existencial de sus personajes. Su estilo renovador y su mirada crítica de la sociedad le aseguraron un lugar privilegiado en nuestra literatura.

Durante la década de 1940, otros autores fundamentales también fueron distinguidos: Joaquín Edwards Bello, cronista urbano y novelista agudo (El roto, El chileno en Madrid); Mariano Latorre, pionero de la novela criollista (Zurzulita, On Panta); y Pablo Neruda, cuya poesía lo convertiría luego en Premio Nobel. También recibieron el premio Eduardo Barrios, Samuel Lillo, Ángel Cruchaga Santa María y Pedro Prado, todos con una trayectoria reconocida en narrativa, poesía y ensayos.

Cabe destacar que durante esta primera década del premio, ninguna mujer fue reconocida, una realidad que comenzaría a cambiar recién en los años posteriores, reflejando también los desafíos históricos de visibilidad para las autoras chilenas.

El mar como fuente de inspiración en la literatura nacional

En este Mes del Mar, recordamos cómo el océano ha marcado nuestra literatura y sus historias, ya que, a lo largo del tiempo, numerosos autores han encontrado en el mar una fuente inagotable de inspiración, metáfora y reflexión.

En esta oportunidad, destacamos a tres autores nacionales que han narrado con su propio estilo la inmensidad, la belleza y la crudeza del mundo marino.

 

Francisco Coloane:

Probablemente el primer autor en el que pensamos a la hora redescubrir nuestra inmensa costa. Coloane hizo del mar y de los paisajes australes los verdaderos protagonistas de sus obras.

En libros como “Cabo de Hornos” y “Tierra del Fuego”, el autor retrata la vida de navegantes, balleneros y marinos en los confines de nuestro territorio, con una prosa vigorosa y llena de humanidad.

 

Rosabetty Muñoz:

La poeta y profesora nacida en Ancud, y reciente ganadora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2024, ha desarrollado una obra profundamente enraizada en la vida insular y costera del sur de nuestro país.

En poemarios como “En nombre de ninguna” y “Polvo de huesos”, el mar aparece como espacio simbólico, espiritual y cotidiano, atravesado por la historia, el dolor y la resistencia de las comunidades locales.

 

Manuel Rojas:

Por último, el autor de obras como “Hijo de ladrón” plasmó en varios de sus relatos y novelas la vida errante y los oficios ligados al mar.

Su mirada humanista y existencial le permitió abordar el mundo portuario y marítimo como escenario de búsqueda personal y transformación social.

En este Mes del Mar los invitamos a redescubrir estas voces que han sabido conectar la literatura con nuestro paisaje más extenso y misterioso.

El padre de la novela chilena: Alberto Blest Gana

Alberto Blest Gana (1830-1920), a quien recordamos el pasado 4 de mayo por ser la fecha de su nacimiento, es reconocido como una de las figuras más influyentes de la literatura nacional, al punto de ser nombrado como el “padre de la novela chilena”.

De ascendencia irlandesa y vasca, Blest Gana nació en Santiago y tuvo inicialmente una formación militar. Sin embargo, a los 25 años decidió abandonar su carrera castrense para dedicarse por completo a la literatura, iniciando una etapa que marcaría para siempre la historia de las letras en nuestro país.

Entre sus obras más emblemáticas destacan “La aritmética en el amor” (1860), “Martín Rivas” (1862), “El ideal de un calavera” (1863) y “Durante la Reconquista” (1897). Muchas de estas novelas, además de ser lecturas obligatorias en colegios, han sido adaptadas al teatro y al cine, lo que habla de su vigencia y relevancia para la cultura nacional.

Por otro lado, Alberto Blest Gana no solo fue novelista; también escribió poesía, artículos de costumbres bajo el seudónimo “Abejé”, crónicas de viaje y dramaturgia. Una obra que suele entrelazar historias de amor y ambición personal con momentos clave de la historia de Chile, dando a conocer las costumbres y las tensiones sociales de su tiempo.

La vida del escritor estuvo atravesada por su labor diplomática. Representó a Chile en Estados Unidos, Inglaterra y Francia, donde vivió sus últimos años. De hecho, su paso por Norteamérica inspiró su libro de crónicas “De Nueva York al Niágara” (1867), mientras que en sus años finales, ya retirado, volvió a la ficción con obras como “El loco Estero” (1909) y “Gladys Fairfield” (1912).

Alberto Blest Gana murió en París en 1920, a los 89 años, y descansa en el cementerio Père-Lachaise. A más de un siglo de su partida, sus novelas siguen hablándonos de un país y de una sociedad que, pese al paso del tiempo, conserva intactas sus pasiones y sueños.

Día de la Madre y los matices de la maternidad en la literatura

El Día de la Madre, no es solo una fecha para celebrar a aquellas mujeres que nos dieron la vida o que velaron por nuestro bienestar, sino que es una oportunidad para reflexionar sobre las múltiples dimensiones que habitan en toda maternidad.

Y la literatura, con su capacidad única de explorar nuestras alegrías, dolores, sacrificios, ternuras y silencios, ha sido desde siempre un espacio donde estas emociones encuentran eco y expresión.

Un clásico fundamental que refleja el valor de la maternidad es “Paula” de Isabel Allende, una memoria íntima donde la autora narra la enfermedad y muerte de su hija, entrelazando recuerdos familiares, feminismo, política y, sobre todo, un amor maternal que conecta con el lector. Un libro que no solo habla del dolor y la pérdida, sino también de lo que significa ser madre en un mundo marcado por desigualdades, expectativas y desafíos.

Este relato personal continúa en “La suma de los días”. En esta obra la autora reconstruye su familia, reflexiona sobre la maternidad extendida y sobre el diverso clan que ha formado. Aquí, Allende nos muestra que la maternidad no termina nunca y que sigue viva en los vínculos que tejemos a diario.

Por otro lado, Diamela Eltit, en “Jamás el fuego nunca”, nos lleva a un territorio todavía más áspero: una maternidad atravesada por la lucha política, la pérdida, el desgaste físico y emocional. Es una novela que no ofrece respuestas fáciles ni maternidades idealizadas; al contrario, nos enfrenta a las heridas abiertas, a las renuncias y al paso del tiempo.

Finalmente, Lina Meruane con su ensayo “Contra los hijos”, cuestiona el mandato cultural de la maternidad y reflexiona sobre el deseo (o la ausencia de él) de tener hijos. En este libro la autora abre un espacio necesario para discutir las tensiones entre autonomía, creación, amor, cuerpo y maternidad en una sociedad que muchas veces exige sin preguntar.

En definitiva, la maternidad, en todas sus formas, nos atraviesa: como hijas, como madres, como lectoras y como mujeres. Este Día de la Madre, celebremos también leyendo, reflexionando y abrazando esas infinitas emociones que la literatura nos ayuda a mirar de frente.